Obra: Omega

Omega: ¡sin Omega no hay Alfa! Las cosas no están aisladas. Teja molida de la Borgoña, en Francia, es el pigmento con el que se colorea. El pigmento rojo se obtiene después de cocer la arcilla hasta convertirla en ladrillo y teja. El ladrillo y la teja cumplieron —quién sabe cuánto tiempo— una función en un muro o en un tejado… Ahora, reciclados al triturarlos y pulverizarlos, tienen un nuevo destino. – imágenes de transición – En este proceso adquirí una habilidad nueva: la de preparador de pintura. Preparador de pintura para dar color al mundo, para hacerlo más bello.

El contraste entre la omega y su entorno se consiguió usando acrílico azul aguamarina, que da a la plancha su tono envejecido y también transparencia. También se trabajó con agua de óxido, una alternativa interesante. En cuanto al color, queda demasiado cerca del rojo ladrillo de las tejas. Más tarde lo usé para dar color a las ramas.

Constelación: la Osa Mayor.
Para el matemático, el firmamento es una fuente de inspiración. La órbita de las estrellas y los planetas está fijada. Todo tiene su lugar. Para poner algo de orden en la maraña de puntos de luz, para poder orientarse cuando todos los puntos de referencia se mueven, hay un punto fijo en el cielo: la Estrella Polar. Quien se orienta hacia ella puede volver a casa o encontrar el camino a su destino. Esta Estrella Polar es solo una estrellita comparada con otras. Es fácil pasarla por alto. La constelación de la Osa Mayor le ayuda a encontrar esta estrella tan importante. El espacio entre las dos estrellas más a la derecha de esta constelación hay que prolongarlo en la misma línea cinco veces hacia arriba para llegar al norte absoluto: la Estrella Polar. Sin ayuda no se la ve, pero ahí está…

Dos tablas de piedra
Una referencia a la historia de cómo Dios dio a Moisés sus directrices o líneas de enseñanza para que sus seguidores no se perdieran en el caos que existía y que más tarde se extendió con mayor fuerza por el mundo. “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero”. Sal 119:105, Pr 2, 3. Las dos pizarras sirvieron durante décadas como cubierta del tejado del monasterio “Abdij Sion” (Abadía de Sion), en Diepenheim, cerca de Deventer, de la orden cisterciense. Muchas de las oraciones que allí se pronuncian comienzan con: “DIOS, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme”. Dirija su atención a esto antes de seguir adelante. Solo por eso, estas palabras forman parte de la presentación y explicación de esta obra. ‘Deténgase un momento y escuche la voz en el silencio’.

Más sobre las tejas de pizarra: bajo estas tejas se ha rezado, cantado y meditado. Todo ello conduce a la concentración, la contemplación y la inspiración. Con la inspiración se estimulan los sentidos. ¿Qué veo, siento y oigo…? De pronto, el texto cobra sentido. ¿De qué se trata aquí? ¿Estoy oyendo bien? Algo cautiva a la persona, que recibe esperanza y busca maneras de hacer algo con ello en su propia situación.

La rama sale literalmente del marco, como forma tridimensional que emerge del panel. La rama tiene forma de Y, lo que es una referencia a Cristo crucificado. La esperanza crece como un árbol con sus ramas llenas de hojas y frutos hacia arriba y hacia los lados, con las raíces hundidas en la tierra. La esperanza da vida y estimula a esforzarse. “Soy importante y mi trabajo tiene sentido.” Me lleva a un lugar donde soy feliz. En Is 11:1 hay una hermosa descripción de la esperanza y de su expresión en la rama que brota: un retoño que sale de un viejo tronco.

Acción profética:
Palabras de Dios, es decir, promesas, bendiciones, encargos y palabras de consuelo, están enrolladas aquí alrededor de las ramas. Los textos de la Biblia y las palabras inspiradas de Dios son creadores. Dios habló y fue hecho. Ahora son palabras que dan vida a quien las descubre. Dan ánimo a las personas. Traen vida, esperanza, consuelo, sanación y crecimiento. “Tu palabra reanima mi alma”. (Jer 31:25)

Ojos durmientes
Otro aspecto de los textos sobre las ramas es que son como “ojos durmientes”. Los ojos durmientes (yemas latentes) son el comienzo de nuevos brotes. Todavía están bajo la corteza, como engrosamientos en el tronco o la rama, a veces como puntitos reconocibles. Al podar, algo que favorece un crecimiento sano y una buena cosecha, hay que prestar atención a estos brotes incipientes. La fuerza de crecimiento que aquí se hace visible ofrece una elocuente relación con el ser humano que aprende, joven y mayor.

Dimensión: 102 x 66 cm.

Wiebe van Dingen, 2016.

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